¿Qué es la bolsa y cómo funciona? III

 

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Especular nunca fue tan fácil

 

Decíamos que en la especulación el objetivo de nuestras operaciones es sacar provecho única y exclusivamente de la diferencia en la cotización de un valor. Teniendo esto en cuenta, el mercado de acciones puede parecer poco atractivo, ya que pagamos un importe muy elevado para comprar una acción cuando lo que nos interesa en realidad es, solamente, la diferencia en el precio desde que compramos, lo cual es muy poco eficiente. Por ejemplo:

 

Compramos 1.000 Yonovatos a 10 euros para especular. Tras dos semanas, la operación nos ha salido bien y la acción cotiza a 10.15. Habiendo invertido 10.000 euros (1000 x 10), el beneficio obtenido asciende únicamente a 150 euros (0.15 x 1000). Un 1.5% de beneficio, que puede parecer poco si consideramos que para ello hemos movilizado 10.000 euros que de otro modo podrían estar a buen recaudo en renta fija.

 

Para solucionar este problema, el mercado buscó nuevas fórmulas para satisfacer las demandas de los especuladores. Así nacían los contratos por diferencias, aunque también encontramos los futuros, productos con un alto grado de apalancamiento.

 

Los contratos por diferencias (CFDs), como su nombre indica, se tratan de contratos que representan la diferencia en la compraventa de una acción con efecto multiplicador. Es decir, ya que sólo nos interesa la diferencia en la cotización del precio, quitamos de en medio el precio de adquisición de un valor y nos fijamos únicamente en el cambio. Esto es posible porque estos productos funcionan a base de garantías, esto es, mientras tengas dinero en la cuenta como para respaldar el cambio en la cotización, puedes especular comprando o vendiendo miles de acciones que, de otro modo, requerirían tener un dineral para adquirirlas. Lo ilustramos con un ejemplo:

 

Si en lugar de comprar 1000 Yonovatos a 10 euros como en el ejemplo anterior, el especulador hubiera usado los contratos por diferencias con el mismo número de acciones, veríamos que la fluctuación respecto a las garantías era relativamente baja: tienes 10.000 euros como colchón y en dos semanas apenas se mueven 150 euros. El especulador entonces podría asumir un mayor riesgo multiplicando x5 el número de acciones contratadas, con lo cual la fluctuación ascendería a 750 euros. Hay que tener en cuenta que en este ejemplo el cambio era favorable al especulador, pero cuando las garantías tienen sentido es precisamente cuando sucede lo contrario y debes asumir pérdidas. ¡La finalidad última de las garantías es asegurar al mercado que puedes pagar una diferencia negativa en tus operaciones!

 

Los futuros funcionan de un modo muy similar a los contratos por diferencias, pero el concepto del producto es muy distinto. Un contrato de futuro es una operación de compraventa aplazada en el tiempo. En esa operación, las partes implicadas se ven obligadas a adquirir un bien o valor (subyacente) en una fecha futura con un precio determinado de antemano. Eso significa que cuando adquieres futuros de crudo, por ejemplo, estarías comprando el subyacente, esto sería uno o más barriles de crudo. Como hablamos de especular y lo que nos interesa es sólo la diferencia en el precio de la cotización, normalmente los futros se liquidan como contratos por diferencias y así ahorramos al broker traernos a casa ese par de barriles que, en realidad, no nos interesan para nada. Existen futuros para la mayoría de productos en los mercados financieros, tales como acciones o hasta índices. En este blog trataremos principalmente de los futuros del ibex, más concretamente los mini-ibex, cosa que detallaremos más adelante.

 

Debo añadir que los futuros tienen especial sentido como cobertura. Los inversores a menudo cubren sus posiciones con futuros para protegerse de los mercados bajistas o a la contra. Una cobertura se realiza operando en el mercado de futuros con una posición contraria a la inicialmente asumida. Así, por ejemplo, un inversor con una cartera fuerte en santanderes, vendería futuros de esa misma acción para cubrirse. De este modo, si el mercado sube el dinero perdido en los futuros queda compensando por las acciones y viceversa. Históricamente, los agricultores han acudido al mercado de futuros para cubrir la producción de sus productos. ¡A veces viene bien cerrar un trato a meses vista, cuando no sabes por cuanto podrás vender tu cosecha, pero esta misma ya te exige un dinero en forma de inversión (semillas, maquinaria, fertilizante, etc)!

 

Realmente la gama de productos al servicio del especulador no termina aquí, pero tampoco veo que sea especialmente necesario seguir buceando en el tema, de modo que, al menos por el momento, lo dejaremos así.

 

Especular nunca fue tan fácil... ¿pero no es un coñazo esperar a que la bolsa suba?

 

Tenía muchas ganas de llegar a este punto porque se trata de uno de esos errores básicos que la gente suele cometer cuando hablamos de bolsa. Por extraño que parezca ¡también se puede hacer dinero a la baja!

 

En la bolsa hay ciclos alcistas y ciclos bajistas, obviamente no tendría ningún sentido que en estos últimos la actividad especulativa descendiera a la espera de que terminasen. Llegado a este punto, la siguiente pregunta parece clara...

 

¿Cómo? 

 

Cuando hablamos de especular, recuerdo, sacar tajada de la diferencia en la cotización de un valor, la verdad es que no importa si esa diferencia es arriba o abajo siempre que acertemos la dirección del movimiento. Con los futuros se entiende muy bien: si hablamos de una operación de compraventa con fecha de caducidad, es decir, en la que sabes que en última instancia se efectuara una compra y una venta, lo cierto es que el orden de los factores no alterará el producto. En este sentido, comprar a 8 y vender a 10 es exactamente lo mismo que vender a 10 para comprar a 8: la diferencia en ambos casos será de 2 euros a nuestro favor.

 

De este modo, para ganar dinero con posiciones a la baja, lo que haremos será vender primero para comprar después. Es muy importante entender esto antes de continuar, releed este apartado las veces que haga falta para tenerlo todo claro.

 

Largos y cortos

 

Como es lioso hablar de compras y de ventas en un mundo en el que el dinero va en las dos direcciones, se habla de largos para indicar posiciones alcistas (ganamos si sube) o de cortos para señalar posiciones bajistas (ganamos si baja). De ahora en adelante usaremos estas dos palabras a menudo. Por ejemplo, para abrir una posición de alcista en el IBEX diríamos lo siguiente:

 

Abro un contrato largo en el IBEX en los 9.700 puntos. Con ello estaríamos diciendo en realidad "compro un contrato IBEX en 9.700". Ahora supongamos que la operación no sale bien y que queremos cerrar la posición asumiendo pérdidas. En ese caso, para cerrar, escribiríamos lo que sigue "cierro largo en los 9.680" (vendo un contrato, recordemos que habíamos comprado uno, en los 9.680).

 

Con esto habríamos efectuado una operación de compra y otra de venta y, por lo tanto, nuestra posición quedaría cerrada y estaríamos fuera del mercado. Eso sí, nada nos salvaría ya de asumir esos 20 puntos de pérdidas.

 

¿Qué es la bolsa y cómo funciona? II

 

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Poniendo los dientes largos

 

Antes de continuar con la materia teórica voy o poneros un ejemplo de lo que puede suponer la planificación y ejecución de una operación. La idea es estimular vuestra curiosidad para que sigáis leyendo las siguientes actualizaciones y considero que es más fácil hacerlo con un par de gráficos que no con unas cuantas parrafadas.

 

La siguiente secuencia de gráficos representa una operación que planteé públicamente en un foro de economía. En bolsa, el día a día gira alrededor de los soportes y resistencias, que suelen estructurar el movimiento de los índices dentro de su tendencia. A continuación veréis como se puede sacar partido de esta circunstancia para lograr ganar un buen dinerete.

 

Un antes (al cierre del viernes 4 de junio):

 

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4 sesiones después (jueves 10 de junio):

 

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Como veis el precio se ha apoyado en la línea trazada anteriormente, tal y como esperaba, tras lo que ha subido con violencia más de 600 puntos.

 

Una semana, 5 sesiones, tras plantear la operación (viernes 11 de junio)

 

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El rebote sigue, rompiendo resistencias, y alcanza los 9.561 puntos. Casi mil puntos desde el punto de compra en tan sólo una semana. ¡Eso son 1.000 euros con el contrato más pequeño disponible en el mercado! ¿Magia? Ya veréis como no.

 

En esta última imagen se aprecian perfectamente los anteriores apoyos a la directriz bajista y los fuertes rebotes que hubo a continuación. En bolsa, los patrones son importantísimos, pero es necesario separar el trigo de la paja; no todo lo que parece evidente lo es tanto después de todo.

¿Qué es la bolsa y cómo funciona?

 

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Inicialmente este era un blog de bolsa que narraba mis aventuras en el mundillo. A finales del 2009 decidí hacer un lavado de cara al espacio para presentar un producto más didáctico e interesante para el lector ocasional, de modo que centré mis artículos sobre la crisis y lo que estaba pasando con Grecia al considerar que los importantísimos eventos que sucedían no estaban siendo cubiertos debidamente por los medios de comunicación. Ahora que el tema se ha popularizado y está en boca de todos, voy a permitirme el lujo de recuperar el espíritu inicial de este blog para hablar de bolsa, que es un universo que sigue permaneciendo, en la mayoría de los casos, oculto para el mortal común. Espero que esta y las siguientes actualizaciones sirvan para aclarar un poco qué es y cómo funciona el apasionante mundillo de la bolsa.

 

¿Qué es la bolsa?

 

La bolsa es el mercado de valores. Permite a los inversores y especuladores comprar o vender acciones, bonos y otros instrumentos financieros para tratar de sacar un rédito económico a sus operaciones, tanto a corto como a medio o largo plazo. En el caso que nos interesa, las acciones, el mercado suele ser a tiempo real y cada cruce representa las órdenes de compra y de venta de miles de operadores repartidos por el mundo, garantizando un gran dinamismo a la hora de decidir el precio de cotización.

 

Eso más o menos estaba claro... ¿pero qué es exactamente una acción?

 

Una acción es una participación al capital social de una compañía y, por lo tanto, representa proporcionalmente la propiedad que un individuo o empresa tiene sobre la misma, incluyendo los derechos económicos y políticos. Resumiendo, ser accionista de una compañía te convierte en copropiertario y te otorga los derechos asociados a ello en la medida proporcional de tu participación. Esos derechos incluyen el dividendo, voz en las juntas generales (si bien normalmente es necesario un número mínimo de acciones) o hasta representación en el consejo para los accionistas mayoritarios.

 

¿Dividendo viene de divino?

 

El dividendo es la parte de los beneficios de una empresa que se acuerda sea retribuido a sus accionistas. Es decir, como propiertario de la compañía un accionista tiene derecho a su parte proporcional de los beneficios. De este modo, al comprar una acción, no sólo obtienes la posibilidad de venderla más cara, si bien también lo contrario, sino que además adquieres el derecho al dividendo.

 

Muchos inversores buscan la rentabilidad de sus inversiones comprando acciones para mantenerlas a largo plazo, durante muchos años, cobrando el dividendo. En este sentido, lo que interesa a este perfil de inversión es que el ratio precio de la acción/ dividendo sea muy favorable para amortizar la compra de la acción rápidamente y empezar a obtener beneficios. Lo vemos con un ejemplo:

 

Si compramos Yonovatos S.A. a 10 euros y el diviendo anual es de un euro luego de impuestos, tardaremos 10 años en recuperar la inversión y partir de ese periodo todo lo que nos abone la acción serán beneficios.

 

Es importante tener en cuenta que el dividendo depende directamente de los beneficios de la empresa en cuestión y, por lo tanto, de sus resultados anuales, de modo que resulta imposible hacer un cálculo preciso de la tasa de retorno descrita en el ejemplo y sólo se pueden hacer aproximaciones mediante la trayectoría y fundamentables (economía real, balances, solvencia) de la compañía. Es más, si una compañía obtiene malos resultados o incluso pérdidas, es muy probable que el dividendo sea reducido o simplemente suprimido durante uno o más ejercicios.

 

Teóricamente el precio de una acción representa eficientemente el coste de la oportunidad de adquirir una participación en una empresa en el momento en el que se efectua la compra. Como veremos, en un mundo dónde lo único que se busca es ganar dinero, esto no es tan sencillo.

 

Inversión VS especulación

 

Las acciones que están disponibles en el mercado son suceptibles a ser compradas por cualquier individuo, sean cuales sean sus intenciones. Algunos, como hemos visto, buscan formar una cartera a largo plazo que pasarán a los nietos con alguna historieta típica de abueletes "yo compré cuando España estaba casi en quiebra... qué momentos aquellos", otros, por el contrario, tienen en mente una operación fugaz, prácticamente una escaramuza en los mercados, de apenas unos minutos con la que embolsarse unos cuantos euros. Ambas filosofías tienen cabida en el mercado y representan las dos corrientes que imperan en el mundillo: la inversión y la especulación.

 

Hablamos de invertir cuando el objetivo de nuestra compra es el rendimiento que nos ofrecerá una compañía mediante el dividendo a lo largo del tiempo.

 

La especulación, por otro lado, representa aquellas operaciones que pretenden sacar un rédito económico de la diferencia en la cotización de un valor.

 

Estará más claro con un par de ejemplos:

 

Un inversor compra Yonovatos S.A. a 10 euros porque ha leído que ese año el dividendo subirá un 20% hasta los 1.20 euros anuales. Desgraciadamente para él, el accionista principal de la compañía aprovecha el momento para largar unas cuantas acciones aprovechando la presión compradora de los pequeños inversores que acuden ante el reclamo, hundiendo la cotización a 9 euros. Para nuestro inversor, que la cotización se haya hundido un 10% le será indiferente en la medida que su cálculo inicial precio/dividendo (que de ahora en adelante llamaremos PER) sigue sin verse afectado: él ha comprado a 10 esperando un dividendo anual de 1.20 euros y, aunque ahora la acción cotiza un euro por debajo, el PER seguirá siendo el mismo, 8.333 (se tarda 8.33 años en amortizar la inversión con el dividendo actual).

 

En el mismo ejemplo, un especulador ha comprado a 10 esperando que las buenas noticias del dividendo calentasen el valor. Lejos de salirse con la suya, la cotización se ha hundido hasta los 9 euros y ya pierde un 10% de su inversión. En este caso, el especulador puede hacer dos cosas:

 

A) Asumir que ha metido la pata y salirse del valor vendiendo más barato de lo que le costó

 

B) Esperar a ver si hay suerte y la cotización sube, aunque eso entraña arriesgarse a nuevas caídas

 

Como vemos, en este caso el especulador tiene un problema. Cuando el objetivo de tu inversión es únicamente un cambio favorable en la cotización de una acción, tu vida se complica drásticamente. A menudo muchos especuladores terminan siendo inversores forzosamente al quedarse atrapados en un mal cambio de precio.

 

Normalmente la inversión la efectuan grandes capitales, ya que el grado de rentabilidad obtenido por el dividendo no suele ser demasiado espectacular. Es importante recordar que en este caso nos interesa comprar muy barato simplemente para que el PER nos sea favorable. En cualquier caso, la inversión compromete la suma de dinero empleada durante largos espacios de tiempo, lo cual puede ser un problema para la mayoría de los mortales.

 

La especulación, siendo normalmente más arriesgada, permite buenas rentabilidades con alta disponibilidad del capital y es, por lo tanto, más atractiva para el grueso de la población.

 

En este espacio trataremos básicamente la especulación, pero es imprescindible interiorizar ambos conceptos para entender debidamente la estructura y complejidad del mercado de valores y sus agentes.

La tragedia Griega (3a)

 

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Los CDS salen a escena

 

Con la crisis en marcha y el crédito fluyendo para contener el fuego, la economía griega seguía deteriorándose. Poco a poco, los ingresos del estado griego iban menguando mientras que la deuda ascendía a medida que los bancos griegos y otros inversores compraban los títulos emitidos. Así, en plena recuperación, durante el 2009 saltaron los primeros indicadoes de alarma que hasta entonces habían permanecido silenciosos:

 

Los CDS se disparaban por las nubes

 

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Los CDS (credit default swaps) son, a grandes rasgos, coberturas por quiebra sobre algún tipo de activo financiero. Una especie de seguro para cubrir las inversiones de los ricachones. A mayor riesgo por el producto a asegurar, mayor es la prima que se abona por él. Por supuesto, la deuda pública también tiene este tipo de seguros y, además, ha sido determinante en toda esta historia.

 

En el gráfico de arriba vemos la evolución de los CDS de 4 paises (Grecia, Portugal, España y USA). Se aprecia que durante la tormenta financiera del 2008 se alcanzaron, en la mayoría de los casos, los máximos en el precio. Eso es porque en eso momento la economía estaba oculta bajo un velo de incertidumbre y se habló de una quiebra económica mundial, luego, como es lógico, los seguros por bancarrota se dispararon. En marzo del 2009 las bolsas hicieron suelo y al poco tiempo los brotes verdes empezaron a florecer. No es coincidencia que los CDS desciendan a partir de ese momento, ya que, a menor riesgo -la recuperación económica empezaba a disipar los nubarrones-, menor la prima a pagar por el seguro.

 

No se os habrá escapado que desde octubre del 2009 la línea azul, que corresponde a la evolución de los CDS griegos, vuelve a escalar hasta superar los máximos anteriores, que bordeaban los 300. Con la economía mundial recuperándose, no tenía sentido que el riesgo por quiebra de un país aumentase... ¿o sí?

 

Estaba saltando la primera señal de alarma. Vendrían otras.

 

El bono griego

 

Con los inversores cubriendo a toda prisa la exposición a la deuda griega, el bono de ese país sufrió crecientes turbulencias hasta llevar al límite la sitiación. Las subastas de deuda pública cada vez debían pagarse a un mayor precio a medida que los inversores exigían compensación al creciente riesgo de impago. El estado griego debía desembolsar mucho dinero en concepto de intereses para satisfacer las demandas del mercado.

 

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Este gráfico nos expone claramente la situación. Muestra la evolución del bono griego durante los últimos meses. Si la comparamos con la evolución del bono de otros estados soberanos, la diferencia salta a la vista:

 

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Para un estado acorraldo por las deudas que necesita financiación externa para seguir tirando, que los inversores empiecen a desconfiar resulta el principio del fin. Y entonces...

 

La puntilla

 

Cuando las cosas empiezan a ir mal, pronto continuan peor y un buen día, la prensa especializada da una aterradora noticia que confirma las sospechas:

 

Fitch lleva la nota de la deuda griega cerca del 'bono basura'

 

El País:

 

"La espiral está desatada. Las agencias de calificación de riesgos rebajan la nota a Grecia. Eso hace que los inversores exijan a su deuda mayores tipos de interés. Más rentabilidad, en suma, a cambio del dinero comprometido. Consecuencia: el deterioro fiscal derivado de ello provoca que las agencias bajen de nuevo la nota. Y vuelta a empezar. La pescadilla que se muerde la cola, pero avanzando peligrosamente hacia su propia cabeza.

 

Los supuestos planes de rescate de Grecia han fracasado por su falta de concreción en el intento de detener ese círculo vicioso. Tras el castigo de los mercados de los últimos días, La agencia de calificación Fitch rebajó ayer la calificación de la deuda griega dos escalones, hasta BBB-, a sólo un paso del nivel de lo que se conoce como bonos basura. Y la perspectiva, que sirve como indicador de hacia dónde es más probable que vaya el próximo movimiento, es negativa."

 

Cuando una agencia de calificación rebaja el rating de la deuda, la consecuencia más importante es que se pide un mayor interés para el deudor que compense el riesgo. Se oficializa la desconfianza, porque a nadie le gusta ser el titular de un montón de "bonos basura".

 

Hay que tener en cuenta que los bancos griegos, al haber acumulado mucha deuda nacional, eran a efectos prácticos bancos cargados de bonos basura. La rebaja de la deuda afectó igualmente la calificación de la banca griega, por lo que a partir de ese momento los bancos europeos les empezarían a exigir mayores intereses por sus préstamos.

 

Asfixiados, los bancos helenos no podían seguir financiando la deuda de su país. Para Grecia, el grifo de la financiación quedaba cortada y, sin ella, la supensión de pagos y la declaración de quiebra era cuestión de meses o incluso semanas.

 

La tragedia Griega (2a)

 

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Aclarado el concepto de estado en quiebra, es hora de echar un vistazo preliminar al panorama Griego, que, como veréis, incluye de paso repasar la sensibilidad del mercado hacia otros paises como Portugal o España. La primera pregunta que nos asalta al pensar en las turbulencias de estos últimos meses es clara:

 

¿Por qué ahora?

 

Llevar un país a la bancarrota no es cosa de dos días. A la mayoría les sorprende que ahora, de golpe y porrazo, nos enteremos que un país entero es engullido por las deudas y necesita ser intervenido para estabilizar la situación y no llegar hasta el punto de la suspensión de pagos. Como imaginaréis, esto no es exactamente así, pero debido a la dinámica del préstamo, el acreedor necesita que su deudor sea solvente, si no no cobra, el problema se ha ido posponiendo hasta el punto de hacer prácticamente insostenible la situación. Ha sido entonces cuando la noticia ha saltado a los titulares. Veámoslo.

 

Introduciendo el desastre

 

Desde hace un par de años el gobierno griego ha necesitado financiación externa para mantener sus pagos al orden del día. Al igual que España, Grecia es un país que tiró de crédito durante el último periodo de crecimiento para expandir su economía. Como aquí, el crédito se tradució en consumo fácil y empleo precario y no se destinó a sentar unas bases productivas sólidas. Llegado el momento de retornar la deuda, cuando los tipos de interés iban subiendo a medida que la inflación se disparaba y la crisis del 2000 se iba dejando atrás, eso se notó: ya que el empleo y consumo con el que se pagaba la deuda lo había generado el crédito, cuando desapareció la posibilidad de seguir endeudándose, empezó destruirse el empleo y la deuda seguía allí. Era preciso hacer algo, de otro modo los problemas saludarían muy pronto.

 

La banca griega debía mucho dinero, recuerdo que los bancos se prestan entre sí, y empezó a preocuparse cuando comprobó que la morosidad se disparaba. Los hogares y empresas estaban al límite y a duras penas podían hacer frente a las cuotas. La única solución aparente era ganar tiempo y confíar en la recuperación económica. Para ello se optó por la refinanciación de su deuda.

 

Refinanciar quiere decir pactar unas nuevas condiciones y/o estructurar de otro modo la deuda ya contraída. Así, la banca griega se puso en contacto con la europea y le pidió un poquitín más de dinero, que, total, cuando ya te han dejado 200.000 millones, 20.000 no parecen gran cosa, además en ese momento los indicadores de peligro, pese a la crisis, no mostraban signos de alarma. Con ese dinero irían pagando los intereses de la deuda, aunque ahora el monto total a devolver, lógicamente, aumentaba. Esta operación tenía como finalidad única y exclusivamente ganar tiempo. Si se salía pronto de la crisis y la economía se recuperaba, el plan habría salido redondo. Desgraciadamente, cuando el crecimiento económico había sido a base de crédito, no era posible recuperarlo sin endeudarse más y, como la deuda ya estaba comprometida pagando los intereses, todo se quedó en un sueño. Muy pronto la banca griega se dio cuenta de ese detalle, pero para entonces ya tenía un problemón encima de la mesa.

 

Con los hogares, empresas y bancos griegos endeudados hasta las cejas, el estado griego se debilitaba a pasos agigantados. Lo último que le hacía falta a un país como Grecia era tener que empezar a hacer recortes en los presupuestos, despidiendo a más gente y quitando prestaciones y pensiones. Si la morosidad ya era muy elevada, ¿cómo iba a pagar la gente sus hipotecas y créditos si se daba luz verde a esos recortes y se retiraban las inyecciones de dinero público?

 

Las cosas pintaban feas de verdad. Una vez más era necesario hacer algo. Y vaya si se hizo.

 

De deuda privada a deuda pública

 

La ventaja de tener un sector privado ultraendeudado es que las cuentas públicas llegaban a la crisis con un estado de salud formidable. El gobierno había mantenido la deuda estatal muy baja y tenía un margen considerable para el endeudamiento. De este modo, aunque el nivel de ingresos no daba para mantener los presupuestos del momento, se podía intentar compensar la merma de ingresos captando financiación externa.

 

Llegados a este punto, recapitulemos. Tenemos a los hogares y empresas al límite, la banca griega pidiendo créditos para pagar los créditos anteriores y el estado griego emitiendo deuda en cadena. Una locura, pero que, por un tiempo, pareció funcionar.

 

Desgraciadamente las locuras no suelen acabar muy bien y esta vez no iba a ser distinto, pero todavía quedaba dar una vuelta de tuerca a la situación para acabar de desmadrar las cosas. El hecho de que Grecia estuviera colocando deuda sin parar, a pesar de los favorables ratios iniciales para la emisión de deuda, iba a saturar pronto al mercado, que enseguida se huele este tipo de trucos. Fue entonces cuando a alguien se le ocurrió una magnífica idea:

 

¿Y si todo se queda en casa? ¿Y si los bancos griegos utilizan la deuda para comprar bonos estatales y de este modo perpetúan el gasto público que en última instancia ayuda a que la gente pague sus cuotas? Si la banca de ese país compraba deuda griega, ayudaría a hacer más atractivos los títulos de cara a los inversores internacionales, que verían aliviados como no eran los únicos primos que los compraban.

 

Y con esta nueva suerte de alquimia económica, la deuda privada pasaba a financiar la pública en un intento de crear el móvil perpetuo financiero.

 

 

La tragedia Griega (1a)

 

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Ya es casualidad que justo el día después de mostrar interés en explicar el asunto griego las autoridades de la UE y el FMI hayan acordado dejar 30.000 millones de euros al país en quiebra, pero, como todavía estamos introduciendo la historia, no vamos a adelantarnos tanto. Empecemos por el principio:

 

¿Qué significa exactamente un país en quiebra?

 

Al igual que una empresa, un país puede entrar en bancarrota cuando no puede hacer frente a los pagos más inmediatos y sus recursos propios no cubren sus obligaciones financieras, produciendo de facto una suspensión de pagos y montando un cirio considerable.

 

¿Pero cómo puede un país entrar en bancarrota?

 

Mucha gente cree erróneamente que un estado es el bastión último del ciudadano y trinchera infranqueable para cualquier catástrofe. Nada más lejos de la realidad, la historia reciente nos demuestra que los estados, como cualquier otra entidad que se mueva en el mundo de las finanzas, puede quebrar y, de hecho, cuando lo hacen, el daño que provocan a nivel interno y externo suele ser considerable, llevándose los ciudadanos de la desafortunada nación la peor parte. Es preciso tener en cuenta que un país, a nivel presupuestario, no deja de ser como una empresa: con sus gastos, deudas, préstamos, ingresos, etc... En este sentido se puede dar el caso, como a menudo se da, de que un estado sufra un desequilibrio en los presupuestos y los ingresos sean inferiores a los gastos, dejando el balance en negativo. Llegado el caso, si ingresabamos 100 y gastabamos 100 y ahora, debido a una crisis, ingresamos 70 y gastamos 100, las cuentas no salen. 

 

Como un estado debe ser un ente con mucho margen de maniobra, la confianza que inspiran les permite incurrir en déficit. Este déficit puede financiarse si prestamistas externos deciden dejarles dinero.

 

El mecanismo que usan los estados para captar financiación es el bono estatal o deuda pública. El bono estatal es un préstamo a cambio de una rentabilidad, normalmente a largo plazo, como si de un depósito bancario se tratara. Con él el estado consigue más dinero para los presupuestos inmediatos y a cambio paga un interés al inversor. Este esquema de préstamo puede ayudar a superar dificultades momentáneas al proporcionar margen para equilibrar los presupuestos y evitar así ajustes bruscos que serían muy dañinos para la economía.

 

La rentabilidad del bono se define en subastas. De este modo, contra más inversores están dispuestos a comprar deuda pública, menor es la rentabilidad y, por consiguiente, menos intereses son abonados por el estado en cuestión, que logra colocar con facilidad los títulos. Debe entenderse porque la seguridad que transmite la deuda de un estado fuerte anima a los inversores más conservadores a dipositar sus recursos en el bono que es percibido como una caja fuerte a muy largo plazo, ahorrando quebraderos de cabeza (¿dónde meter 3 millones de euros?). Cuando un estado necesita urgentemente financiación, la situación se invertirá, ofrecerá una rentabilidad mayor para captar la atención de los inversores que de otro modo no verían un buen negocio en dejar dinero a muchos años vista a un país en dificultades, porque el riesgo de que eventualmente no pueda hacer frente a los pagos no compensará los beneficios que se obtienen por el interés acordado.

 

En el peor de los casos, cuando la situación financiera de un estado se deteriora hasta el punto de ser desesperada, disparará el rendimiento del bono hasta ser inasumible para el país emisor de deuda; en otras palabras, los inversores pedirán tanto dinero a cambio del préstamo, que el estado no podrá abonar el rendimiento demandado sin desequilibrar sus presupuestos. ¡Peor el remedio que la enfermedad!

 

Así pues, volviendo a la pregunta inicial, un estado puede entrar en quiebra cuando no puede hacer frente a los pagos tanto internos como externos: tiene unos gastos fijos que atender (sueldos de funcionarios, cobertura social, sanidad, prestaciones varias, el pago de deuda...) y sus ingresos no logran cubrirlos. 

 

Vale...¿Pero cómo se llega hasta ese punto? ¿Tan incompetentes son nuestros gobernantes?

 

Hasta hace poco el endeudamiento estatal en España (pongo el caso de España porque es el que nos interesa en última instancia y porque en Grecia sucede lo mismo: incapacidad de autofinanciarse) era relativamente bajo. Ello es porque los ingresos estatales aumentaron debido a que el sector privado, tanto doméstico como empresarial, consumió mucho crédito, es decir, el estado manejaba cifras muy grandes porque la gente y empresas estaban gastando dinero prestado. Esto es clave para entender lo que nos está pasando y debe ser releido las veces que sean necesarias para acabar de entender la idea. La desarrollo un poco más. Como sabéis, el estado se nutre a base de impuestos y con ese dinero organiza sus presupuestos. Contra más actividad económica exista, más tajada sacará el estado de ello. El problema en España, como en otros paises, es que esa inusual actividad en la economía fue causada por la entrada del crédito bancario. Como antes he escrito, la gente gastaba un dinero prestado y, por lo tanto, que debe devolver, pero, a efectos prácticos, era dinero al fin y al cabo y por ello el estado se cobraba igualmente sus impuestos. Debido a la burbuja, la entrada del crédito fue masivo y las arcas estatales sufrieron una generosa inyección de dinero, logrando el famoso superávit (más ingresos que gastos). Un ejemplo para ilustrar el caso:

 

La compraventa de vivienda está grabada con un 20% de los beneficios obtenidos en la transacción. Pues veréis, en algunos casos, en diez años las viviendas llegaron a revalorizarse hasta un 300%. Imaginad cuanto dinero ingresaba el estado durante un periodo en el cual el negocio inmobiliario era el rey y los precios no paraban de subir.

 

Esta circunstancia mal acostumbró al estado, que vio como de repente sus ingresos crecían sin parar y provocó el aumentó del gasto público (más cobertura social, más funcionarios, mayor inversión en las infraestructuras -ave, aeropuertos, carreteras-). Tened en cuenta que eso no fue cosa de dos días, fueron muchos años y a gran escala. 

 

Desgraciadamente, lo que fastidia de la deuda, es que es preciso devolverla, de modo que ese nivel de gasto tenía fecha de caducidad y en algún momento del 2008 el estado vio horrorizado como sus ingresos menguaban a medida que la gente destinaba sus ingresos a la amortización del crédito. El sector privado, tanto doméstico como empresarial, estaba hiperendeudado y ya no daba para más, pero había logrado engordar el gasto público y ahora éste poseía un apetito inmenso que era preciso saciar: las nóminas, obras, prestaciones y demás extras conseguidos durante la bonanza económica no se pagaban solas.

 

Esto llevó al estado a asumir el rol de endeudado, porque el superavit duró entre poco y nada, relevando al sector privado, para seguir manteniendo los presupuestos y el nivel de gasto comprometido durante los años de crecimiento.

 

En resumen, los gastos fijos se dispararon con la entrada de crédito y cuando el sector privado no pudo seguir endeudándose más, el estado español se encontró ingresando mucho menos de lo esperado, por lo que tuvo que empezar a endeudarse él para mantenter los presupuestos (a ver quién es el guapo que se atreve a despedir funcionarios, bajarles el sueldo, reducir pensiones, eliminar prestaciones... admitiendo que la maquinaria estatal está sobredimensionada por el crédito).

 

Por esta razón un país llamado España que no podía autofinanciarse empezó a emitir deuda pública como un loco para seguir gastando lo que gastaba. Es así como nuestros gobernantes pensaban actuar: si los hogares y las empresas están al límite del endeudamiento, ahora nos toca a nostros. Conviene entender que esta decisión no obedecía a una apuesta económica razonable, pues ya para entonces era evidente que el crecimiento de los últimos años tenía un gran componente malsano que era preciso purgar (consumo y empleo generados a base de deuda), pero al mismo tiempo admitir la situación suponía precipitar la crisis, por lo que se decidió tirar adelante y a ver si el asunto se solucionaba por sí mismo. Si así hubiera sido, ahora no estaría escribiendo estas líneas y un país como Grecia, que adolece de esta misma patología, no estaría en el punto de mira del FMI.

La tragedia Griega (Introducción)

 

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Título recurrente de estos últimos meses y que, cada día que pase, adquiriá una mayor carga dramática hasta el inevitable desenlance. La cuenta atrás hace mucho que ha arrancado, no sólo para los helenos, sino también para los españoles, aunque ahora, con la euforia del Barça - Madrid en el cuerpo, resulte difícil de creer. Cuando el contador griego llegue a 0, la única circunstancia que puede evitar a los españoles el paso por el quirófano y tribunal financiero es la mayor urgencia de otros pacientes, como es el caso de Portugal. Luego, sin más excusas y con la veteranía de haber diagnósticado y tratado a dos miembros de pleno derecho de la UE e integrantes de la zona Euro, resulte como resulte el tratamiento, los focos se situarán sobre España, alumbrando el patético estado de un país de 45 millones de habitantes que no ha sabido sintonizar el canal europeo y que se ha podrido a base de crédito fácil.

 

Introducción

 

La intención de esta sección es dar cobertura a los importantes eventos que tratan diariamente esta cuestión. ¿Y qué es esta cuestión? Pues bien, podría resumirse como el futuro de la UE, el Euro y la gestión de la quiebra de un estado en el corazón del primer mundo. Como veis, al menos parece chocante la cosa. Espero que a lo largo de las actualizaciones que poco a poco realizaré pueda acercaros las cifras y las ideas que la prensa económica vierte diariamente sobre el asunto y ser claro al trasladar la magnitud de las consecuencias que conlleva la situación actual, logrando explicar como esas grandilocuentes palabras y larguísimas cifras no sirven sólo para rellenar titulares de la prensa especializada, sino que condicionan, y de que manera, nuestro presente y, por supuesto, nuestro futuro. De profano a profano, yonovato os invita a dejaros llevar en un apasionante crucero por las agrestes costas que hace tantísimo tiempo inspiraron la épica de Homero, pero que también sirvieron para alimentar los mitos de los más infames seres del bestiario clásico. 

 

A medida que nos acercamos, escuchamos el rugido feroz del cielo y contemplamos como la tierra se tambalea ante un mar que estalla con furia las olas contra la costa. La decadente silueta del partenon aparece fugazmente iluminada entre la pesada lluvia cuando un rayo se precipita sobre la Acrópolis. Los Dioses exigen un tributo que no hay modo de pagar y desgraciadamente el tiempo de los héroes ha pasado. La catastrófe se cierne sobre Atenas.

 

La financiación autonómica

 

Hoy me siento especialmente generoso, así que voy a compartir con todos vosotros una radiografía que hice algún tiempo para el foro de burbuja.info acerca de la financiación interautonómica. El texto es un pelín largo de leer, pero recomiendo digerirlo, pues las reflexiones que se pueden sacar de él resultan muy valiosas si tenemos en cuenta las circunstancias actuales y nos permitirán abordar asuntos de rabiosa actualidad con una perspectiva distinta. Ahí va:

 

España es un país con grandes divergencias entre regiones, eso lo sabe todo el mundo, sólo hay que echar un vistazo a los índices de paro históricos de cada comunidad para darse cuenta de ello. Obviamente no es la única diferencia, pero si la he citado como ejemplo es porque, como veremos, es la más importante de todas. En los tiempos que corren, con el paro en alza, es bastante fácil comprender la dicotomía paro-cobertura social, pues cuando ingresas menos no es posible mantener el mismo nivel de gastos sin desequilibrar los presupuestos, por no decir que la falta de ocupación supone un coste adicional por sí misma (subsidios por desempleo). Así, el estado del bienestar español se alcanza utilizando una media estatal de actividad económica, aunque esta varia, y mucho, a nivel autonómico, es decir, si el paro en España fuera el de Andalucía, está claro que no sería posible tener lo que tenemos ahora, por más cutre, ineficiente o corrupto que sea esto, del mismo modo que un paro estatal similar al catalán (en los buenos tiempos) podría permitir un drástico descenso en los impuestos sin que eso supusiera ningún recorte en el gasto social. Si se entiende esto, llega la hora de analizar cómo funciona la solidaridad entre autonomías o qué modelo de caja común tenemos en España, haciendo especial hincapié en el objetivo de este.

Como comentaba, las autonomías en España poseen diferencias económicas de gran calado, no sólo en la ocupación, sino también en la riqueza, productividad, infraestructuras etc... Es muy difícil hallar un criterio que logre englobar todas esas divergencias y que plasme realmente el estado de salud económico de cada región, pero sí se elaboran una serie de estadísticas que deberían darnos una idea de cómo están las cosas. Una de ellas es la renta por habitante, que resulta de dividir el PIB autonómico entre los habitantes de la misma. El ránking es el siguiente (INE 2009):



1-País Vasco 32.133
2-Comunidad de Madrid 31.110
3-Comunidad Foral de Navarra 30.614
4-Cataluña 28.095
5-Aragón 26.323
6-Illes Balears 25.967
7-La Rioja 25.895
UE-27* 25.100
8-Cantabria 24.508


España 24.020

9-Castilla y León 23.361
10-Principado de Asturias 22.559
11-Ceuta 22.320
12-Melilla 21.493
13-Comunitat Valenciana 21.468
14-Canarias 21.105
15-Galicia 20.619
16-Región de Murcia 19.692
17-Andalucía 18.507
18-Castilla-La Mancha 18.471
19-Extremadura 16.828


Hasta aquí no creo que existan demasiadas sorpresas ¿verdad? Continuemos, como sabréis, hace relativamente poco el gobierno publicó las balanzas fiscales a petición, principalmente, de los partidos catalanes. El objetivo de las balanzas fiscales es mostrar la diferencia entre lo que se recibe y se aporta como comunidad después de que el estado ingrese todo en la caja común. La elaboración de estas fue larga y complicada debido a que, según declaró el gobierno, resultaba difícil hallar una metodología que consiguiera reflejar con fidelidad la realidad de esas transferencias, a pesar de que en Europa desde siempre se publican este tipo de datos sin ningún tipo de problema. Finalmente se resolvió publicar dos metodologías: carga-beneficio y flujo monetario, resultando los siguientes datos:

 


 

 

 

La principal diferencias entre las dos es que en una de ellas la comunidad de Madrid resulta beneficiada al considerar que la inversión por capitalidad corre a cuenta de todos, no es por casualidad que esa sea la principal diferencia entre ambas. Teniendo eso en mente, considero más apropiado utilizar la metodología europea (flujo monetario), aunque realmente no cambiará demasiado lo que viene a continuación, así que si alguien prefiere pensar que la inversión imputada a la Comunidad de Madrid por los 160.000 funcionarios que trabajan en la administración central resulta injusta, allá él.

Lo primero que debería sorprender hojeando esos datos es que no se corresponden en absoulto al ránking anterior publicado por el INE, es decir, que las comunidades con mayor riqueza por habitante no son las que más aportan en concepto de solidaridad. Es especialmente extraño si tenemos en cuenta que desde siempre nos han dicho que "dan los que más tienen". Todavía se entiende menos que comunidades más ricas que las solidarias sean receptoras de ayudas al desarrollo.

El primer punto es fácil despejarlo sabiendo que dos de las tres comunidades con mayor renta por habitante poseen un régimen fiscal especial (concierto económico) que las exime de aportar solidaridad, el segundo, no obstante, parece más complicado comprenderlo. Por el momento, eso sí, hemos comprobado que las comunidades más ricas no son las que más pagan, datos, recordemos, facilitados por el gobierno de España. En contra de los datos recogidos en las balanzas fiscales está ese argumento tan escuchado de "no son las comunidades las que pagan, sino las personas". ¿Pero es eso cierto? Bueno, a decir verdad sí. Los impuestos los pagan las personas, pero las inversiones que más tarde repercutirán en el bienestar de los contribuyentes se distribuyen por autonomías, de modo que, digase como se quiera, sí es importante saber qué se recibe como ciudadano de cada comunidad, porque una persona con el mismo nivel de ingresos relativo, puede vivir mejor o peor según la comunidad en la que se encuentre debido a este motivo.

Y ahora es cuando debemos volver al concepto de riqueza por habitante, que algo nos sonará de esta última década de gran crecimiento económico. Todos hemos visto lo ricos que hemos sido con un crecimiento anual de hasta el 4% del PIB. Eso podría hacer que examinásemos más minuciosamente la información que nos facilitan esos numeritos, por ejemplo, preguntándonos si el poder adquisitivo tiene algo que ver con la riqueza, porque, si es que sí, estaría bien ponderar el impacto de los precios en relación a los salarios a la renta por habitante facilitada por el INE y, como no, añadir también el peso de la solidaridad en la ecuación. ¿Algo así existirá? Lanzando esa pregunta al google la respuesta no tarda en aparecer:

De una noticia (2008) de expansión sobre la información facilitada por FUNCAS:

El nivel de bienestar de los hogares catalanes ha bajado drásticamente. Pese a ser la autonomía con mayor peso en el PIB, el poder de compra de sus familias ya es inferior al de Aragón, Castilla y León, La Rioja o Cantabria.

Cataluña pierde posiciones entre las comunidades con mejor nivel de vida. A pesar de su peso predominante en la economía española (un 18,8% del total), sus habitantes han moderado su capacidad adquisitiva en relación al de otras regiones. En 2006, el PIB per capita de los aragoneses ya superaba en cuatro puntos al de los catalanes, según datos de la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas).

“El nivel de bienestar de las familias españolas está profundamente afectado por la desigualdad existente en los precios de los bienes y servicios consumidos por los hogares. De hecho, los datos demuestran cómo las diferencias relativas en el nivel de desarrollo resultan corregidos por el efecto de los precios y por las transferencias públicas en gastos sociales como la sanidad y la educación”, explica Pablo Alcaide, autor del Balance Económico Regional de Funcas.

En este sentido, Cataluña es la autonomía más cara de España. Su nivel de precios se sitúa ocho puntos por encima de la media nacional. Y abre una brecha de más de 22 puntos con la comunidad más barata para vivir, Extremadura. Por eso, si se ajustan los efectos de la disparidad de los precios y las transferencias sociales percibida, el resultado arroja sorpresas. La renta real de las familias catalanas bajaría hasta el puesto octavo, por detrás de País Vasco, Navarra, Madrid, Aragón, Castilla y León, Cantabria y La Rioja. Mientras que Baleares, otra de las comunidades considerada rica en PIB per cápita, bajaría hasta el décimo lugar.

No obstante, Cataluña y Baleares no son la únicas comunidades que salen mal paradas en el ránking de renta real de las familias. Valencia, la cuarta región con mayor peso en la economía española, ocupa el vagón de cola. El poder de compra real de sus familias se sitúa 11 puntos por debajo de la media. Un registro que sólo empeoran Andalucía (84,1 puntos) y Murcia (83,9).
Los datos constatan la enorme brecha económica que arrastran las regiones españolas. Entre la renta real familiar del País Vasco, la comunidad más rica, y Murcia, la más pobre, hay una distancia de 43 puntos.

Alcaide matiza que el desarrollo económico no siempre contribuye a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. El sentimiento de bienestar personal empeora en muchas ocasiones por las necesidades de transporte, gasto y demás que genera vivir en una aglomeración urbana.

Un ejemplo paradójico en este caso es el de Extremadura. A pesar de ser la comunidad más deprimida en términos de convergencia con Europa, la renta real de sus familias está por delante de la de Valencia, Andalucía y Murcia, debido, principalmente, a la inyección de transferencias públicas a sus ciudadanos.

Las claves
El nivel de bienestar de las familias está “profundamente afectado” por al desigualdad de precios, señala Pablo Alcaide. En este sentido, Barcelona, Gerona, la Rioja y Guipúzcoa son las cuatro provincias con un nivel de precios de consumo relativos más alto. Es decir, soportan un coste de la vida de entre seis y diez puntos más altos a la media nacional. En el lado opuesto, el precio de los bienes y servicios es hasta quince puntos inferior al resto de España en Badajoz, Cuenca y Cáceres.

Según Funcas, Aragón supera ya en PIB per cápita medido en paridad de compra a Cataluña. En concreto, el PIB per capita de los aragoneses se situó en 2006 en el 109,44% frente a la media nacional, cuatro puntos por encima del de los catalanes (109,44%). El ránking lo siguen liderando Madrid (130,5%), País Vasco 127,5%) y Navarra (125%).

Los datos de renta de las familias difieren cuando se ajustan a realidades como la disparidad de precios en España. O se tienen en cuenta las transferencias públicas percibidas por los ciudadanos. De este modo, la renta real de las familias catalanas desciende hasta el puesto octavo, por detrás de regiones tradicionalmente más pobres como Aragón, Castilla y León, Cantabria y La Rioja. Es decir, los hogares catalanes, con unos ingresos por capital y trabajo superiores al de otras comunidades, poseen una nivel de bienestar más bajo, debido al alto nivel de precios que soportan y al menor grado de transferencias públicas. Un caso similar ocurre con Baleares, en el décimo puesto.


Definitivamente, en España hay algo que no cuadra. Los ricos son más pobres que los pobres tras pagar impuestos. Increible.

 

Tras leer esta información me puse a investigar a ver si era cierto, aunque no hizo falta hacer demasiados esfuerzos. No es ningún secreto que muchos españoles concentrados en autonomías tradicionalmente ricas deben irse al sur para poder vivir dignamente. ¿Qué está pasando en este país? Entonces, pensando sobre los objetivos de la mano estatal en el reparto del dinerito de la caja común, se me encendió la bombilla, iluminando una de las primeras cosas que he expuesto en este mensaje.

Si ha quedado demostrado que no sólo no pagan las comunidades más ricas, sino que hasta las comunidades "pobres" terminan pasando por delante de las más pudientes ¿qué queda por entender? Pues claro, el paro, vicio y virtud de España. No pagan las comunidades ricas, pagan quienes más trabajan, simple y llanamente. Eso explica porque comunidades más pobres pagan en lugar de recibir, porque comunidades por encima de la media reciben y explica también, como efecto colateral, porque a nivel de poder de compra los "pobres" poseen un poder adquisitivo superior al de los "ricos". Al parecer en España, país con PAROtitis crónica, la riqueza no se mide en dinero, sino en trabajo: como casi no hay, quién trabaja debe ser rico. Es tan absurdo que encaja. ¿Pero por qué? Porque es lo más fácil. ¿O no estamos en el país que tiró del ladrillo para catapultar su PIB hacia la estratosfera?

No se trata de planear un desarrollo sostenible y equilibrado, se trata de inyectar la solidaridad a presión en las autonomías con menor ocupación para solucionar las cosas instantáneamente, lo que tanto nos gusta a los españoles. "¿Qué hay una autonomía con un paro del 15%? No pasa nada, quitamos de esa, que tiene sólo un 7% y lo metemos aquí en forma de transferencias sociales, inversiones públicas etc... Total, esos ni lo notarán, como tienen empleo, pueden pagarse sus cosas trabajando". Esto que parece un chiste, no lo es en absoluto. Un indicio de que los tiros van por aquí lo encontramos en los datos acerca del empleo público.

La información es la siguiente:

 


 

 

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¿Veis alguna relación entre esto y lo que nos mostraban las balanzas fiscales? ¿Será casualidad que las comunidades que más aportan sean las que menor empleo público poseen?

El problema de este sistema, que en principcio servía para que en cualquier región de España hubiera un nivel de vida similar, es que no es sostenible. El sistema funciona desplazando recursos de las comunidades productivas hacia las autonomías menos desarrolladas, pero no lo hace en forma de inversiones a largo plazo (eso requeriría un periodo en el cual los habitantes de esas regiones deberían apretarse el cinturón mientras estas se amortizan, lo cual agotaría la poca paciencia de esos desafortunados españoles), de modo que simplemente se les regala dinero en forma de subvenciones, ayudas varias y, sobre todo, empleo público, medidas que sirven para estimular el consumo, así que, aunque se les inyecte año tras año una pasta considerable, en realidad siempre están igual y siguen dependiendo de esas ayudas para mantener ese nivel de actividad económica. Esto no sería negativo si no fuera porque el déficit que año tras año acumulan las comunidades solidarias termina pasando factura, ya que ese dinero que se les quita las lastra haciendo que sean menos competitivas. Al final nos encontramos que este sistema no resulta viable a largo plazo debido a que sólo obtenemos un equilibro a corto a costa de condenar el futuro: simplemente llega un punto en el cual la falta de inversión hace que España compita con seiscientos en un mundo globalizado en el cual los paises participan con motores de fórmula 1.

Esta situación ya es de por sí dramática, pero además, con la burbuja inmobiliaria, los acontecimientos se han precipitado haciendo insostenible la situación. Ahora resulta que muchas de esas comunidades tan dinámicas creaban riqueza plantando ladrillos, con las consecuencias que todos conocemos. El ejemplo más claro de esto lo encontramos en la Comunitad Valenciana, una comunidad con una renta por habitante por debajo de la media nacional y que no obstante es la 3a comunidad más solidaria en términos relativos, cuyo principal atractivo económico eran kilómetros y kilómteros de litoral en los que edificar masivamente. Durante el boom la construcción reportó grandes inversiones y empleo, lo cual era perfecto para el gobierno que metía alegremente mano a la caja común "quitando de ahí y pondiendo allí" porque los valencianos podían pagarse por sí mismos las cosas gracias a los puestos de trabajo generados por la burbuja. Esto fue así a gran escala y durante todos estos años de fiesta crediticia el gobierno siguió el mismo principio: quitar de los ricos (que se lo paguen ellos que tienen trabajo) y dar a los pobres (creando, por ejemplo, miles y miles de plazas de funcionarios, esto es, dando trabajo artificial a cargo del real), lo cual parecía funcionar, pero al estallar la burbuja toda esa enorme riqueza que parecía hacer invulnerables a los motores de España desaparece, dejando vislumbrar por primera vez los efectos de esta política fiscal sin sentido. Así, Cataluña, que hace pocos años rozaba el pleno empleo (2005), ahora se encuentra con una tasa de paro cercana al 15%, evolución que comparten el resto de comunidades solidarias, y dado que el sistema funcionaba exprimiendo a los que trabajan, cuando tenemos una menor ocupación, empiezan a aparecer los fallos.

Por un lado, este esquema de solidaridad ha generado un nivel de vida en las comunidades desfavorecidas que sólo se alcanza mediante ayudas y subvenciones, ya sean cheques o plazas fijas de funcionariado, por otra parte, eso significa que en las comunidades ricas la gente debe tener trabajo para pagarse el día a día. En la situación actual, ninguna de las dos cosas puede cumplirse. Los números no salen. No se puede mantener ese nivel de solidaridad cuando los ciudadanos de las autonomías que lo aportan no llegan a pagarse lo más básico por falta de trabajo. Tampoco se puede mantener ese entramado de ayudas y empleo público cuando los ingresos son menores y los gastos aumentan día a día.

La situación, como decía, es insostenible. Al igual que la burbuja inmobiliaria, la burbuja en el modelo de financiación autonómico ha estallado y muy pocos entenderán lo que ha pasado.

Cómo es una crisis (5a parte)

 

Crisis internacional

 

Las hipotecas tóxicas suponían duras pérdidas para  la desafortunada entidad financiera que las hubiera comprado y, como prácticamente ninguna entidad financiera internacional se quedó sin su trozo de pastel, los americanos fueron muy diligentes al venderlas, teníamos y, recuerdo, tenemos, pérdidas repartidas por todo el mundo, haciendo de la crisis algo global.

 

¿Pero cuánto $?

 

Si el problema son las pérdidas, el sistema las asume y a otro cosa ¿no? La cuestión está en que nadie sabe con exactitud cuánto es preciso asumir, en otras palabras, las pérdidas provocadas por la crisis subprime se desconocen por completo, tan sólo existen vagos rumores del monto hipotético que podrían representar en su conjunto, que apuntan muy alto. Por supuesto, las entidades que compraron subprime saben muy bien las pérdidas que tienen, pero ante este panorama de ignorancia prefieren callar antes de ser puestas en cuarenta, pues una sola dósis de este veneno financiero podía dinamitar el balance de hasta los bancos más grandes. Las entidades afectadas, por lo tanto, intentaron pasar desapercibidas con la esperanza de que el crédito interbancario les ayudase a salir del mal paso, compensando las pérdidas con varios préstamos equivalentes.

 

El mercado, que no gusta de estos ardides, reaccionó de manera violenta ante este hecho. Con el rumor de fondo de pérdidas en su conjunto de hasta varios billones de dólares, los bancos decidieron cerrar el grifo ante el miedo de que pudieran prestar a una entidad financiera envenenada. Se estaba produciendo lo que los analistas llamarían "falta de confianza".

 

Tensión en el interbancario

 

El negocio de los bancos es el préstamo, pero esta vez consideraron que arriesgarse a abrir vías de financiación con entidades envenenadas se pagaría caro, de modo que el tipo de interés que se aplicaba en el crédito interbancario se situó muy por encima de los tipos oficiales. La consecuencia a esta contracción del crédito y el encarecimiento de las condiciones de préstamo fue lo último que necesitaba la burbuja inmobiliaria estadounidense para terminar de estallar con fuerza:

 

Condiciones de crédito más duras = menos hipotecas vendidas

 

menos hipotecas vendidas = menos casas vendidas

 

menos casas vendidas = precio de la oferta en entredicho

 

precio de la oferta en entredicho =  nuevas bajadas en el precio

 

nuevas bajadas en el precio =  mayores las pérdidas subprime (por la relación deuda/precio del activo subyacente)

 

mayores pérdidas subprime = aumento de la tensión en el interbancario

 

aumento de la tensión en el interbancario = condiciones de crédito más duras

 

Los bancos prestaban caro desconfiando de unos y otros, algunos ni prestaban destinando todos los recursos propios a tapar agujeros, las empresas empezaban a tener serias dificultades para obtener vías de financiación y la economía internacional, que había crecido en base al crédito barato, empezó a resentirse. Estamos ya a finales del 2007.

 

 

 

 

Cómo es una crisis (4a parte)

 

El estallar de una burbuja

 

Desde finales de 2004 la receta de bajos tipos de interés había funcionado al dedillo y la economía se recuperaba a pasos agigantados, tanto es así, que fue necesario subir los tipos de interés nuevamente para evitar recalentar en exceso la actividad económica. Pese a ello, la gente seguía demandando crédito y el PIB subía vertiginosamente hacia la estratosfera. Nueva subida de tipos de interés para endurecer las condiciones de los préstamos con igual resultado: la economía mundial sigue como un cohete. ¿Había logrado la reserva federal zarfar la crisis de las punto.com?

 

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Los tipos de interés se situaron casi a niveles de "precrisis"

 

Para muchos, el final ideal de cualquier burbuja sería el llamado aterrizaje suave, un punto en el cual el precio del activo se adapta al crecimiento económico acompañando a la inflación, volviendo todo a su cauce sin sufrir correcciones. Por suerte o per desgracia, en la mayoría de los casos, las burbujas terminan estallando sonoramente.

 

En el 2007, que fue el pico del mercado inmobiliario estadounidense, cuando todo parecía ir de las mil maravillas, se desató la crisis subprime. Como he repetido en varias ocasiones, desde hacía algunos años el mercado hipotecario en EEUU se había internacionalizado como consecuencia de la venta de paquetes hipotecarios por todo el mundo por parte de la banca norteamericana. Conviene tenerlo en mente para lo que sigue.

 

La crisis subprime se desató al descubir que un porcentaje significativo de hipotecas se habían concedido a gente de dudosa solvencia y en ese momento, desafortunadamente, se confirmaban las sospechas. La subida de tipos había pillado a traspié a muchos ciudadanos que ya vivían al límite, haciendo imposible afrontar las cuotas, o, en cualquier caso, hacer frente a un nuevo crédito. El mercado inmobiliario se detenía en seco; las demandadísimas casas que año tras año subían un buen porcentaje, de golpe y porrazo dejaban de venderse. Tras algunos años de frenesí, tocaba poner los pies en el suelo.

 

¿Qué fue antes: el huevo o la gallina?

 

La burbuja inmobiliaria sólo podía estallar de un modo: que la gente dejase de comprar, y esto podía suceder a su vez por dos vías distintas, cambio de mentalidad o imposibilidad de conseguir un crédito para pagar. Con un cambio de mentalidad, la gente dejaría de comprar, los precios bajarían y la banca, forzada por los acontecimientos que más adelante detallaremos, cortaría el crédito en seco. La alternativa, que la banca cortase el crédito primero, nos llevaría al resultado inverso: Las ventas se detienen, la gente se pone nerviosa, la demanda mengua y se produce un cambio de mentalidad al romperse los esquemas de la burbuja. Nunca se podrá saber a ciencia cierta que fue lo primero, puede que incluso fuera un poco de todo, lo único relevante es que la banca cortó el grifo y la gente dejó de comprar.

 

¿Subprime?

 

La hipoteca tóxica o subprime es aquella que se concedió a gente de alto riesgo (poca solvencia, probablemente un moroso) en unas condiciones totalmente desventajosas para el banco. La mayoría de hipotecas subprime no estaban avaladas de ningún modo, es decir, el banco aceptaba que el solicitante de crédito respaldara la deuda únicamente con el piso que pretendía adquirir. Hasta el estallido de la burbuja, esto no suponía prácticamente ningún problema, pues el crédito era neutralizado por el valor del activo en cuestión: -100 + 100 = 0.

 

¿Pero qué pasaría si el nivel de compra-venta de pisos se estanca y los precios empiezan a disminuir ante el nerviosismo de los vendedores?

 

Aquí es dónde empiezan los problemas para el banco. Que la cotización de los activos inmobiliarios fluctue negativamente aunque sólo sea un 1% ya supone para la entidad una pérdida teórica del 1% respecto al crédito concedido. Si el porcentaje es más elevado y el nivel de morosidad empieza a aumentar, los problemas se multiplican exponencialmente, y eso es justamente lo que sucedió.

 

Las hipotecas tóxicas, como he recordado, gracias al afán exportador de las entidades financieras estadounidenses, estaban repartidas por todo el mundo. La crisis internacional estaba servida.

 

 

Cómo es una crisis (3a parte)

 

La clave está en el balance

 

Decíamos que si la banca quedaba comprometida por la burbuja inmobiliaria empezaban los problemas. ¿Pero a qué me refiero exactamente cuándo digo que el sistema financiero puede quedar comprometido? Dado que la función de los bancos es prestar, cuando la economía entra en un periodo de gran actividad y mucha demanda de crédito, es probable que en el proceso puedan pillarse los dedos de dos modos distintos. El primero, que presten tanto que ya no les quede margen para seguir prestando; el segundo, que concedan créditos a quién no deberían, en otras palabras, que se topen con un moroso que no les devuelve el dinero o que no cumple con las condiciones pactadas cuestionando el acierto de la operación y dibujando un feo muy grande en el balance. Cuando uno de los dos problemas aparece a gran escala, hablamos entonces de una crisis en el sistema financiero de liquidez o de solvencia, en este orden según el caso. Resumiendo:

 

La crisis por liquidez ocurre cuando el banco no puede seguir prestando debido a que ha agotado el margen que disponía para conceder crédito y, aunque quisiera, no tiene recursos suficientes como para financiar ningún tipo de operación, hasta las más conservadoras o seguras. El sistema ha drenado todo el crédito disponible y debe esperar a recuperarse.

 

La crisis por solvencia se da cuando el banco no puede seguir prestando debido a la presión que ejerce la morosidad sobre el balance. El nivel de mora es tal, que el banco debe destinar recursos propios a tapar los agujeros (o pérdidas) que tiene debido a los impagos, hasta el punto de cuestionar la solvencia de la entidades financieras.

 

La actual crisis financiera se ha definido como una crisis por falta de liquidez, aunque más adelante veremos como esto no es del todo cierto.

 

Volviendo al tema que nos ocupa, decíamos que en EEUU se inició una gran burbuja inmobiliaria debido a los bajos tipos de interés y el efecto del dinero gratis. Esto es tan cierto que durante años los bancos y sociedades financieras de ese país concedieron hipotecas a todo el mundo, pues el negocio era tan redondo que no había espacio para la cautela. El chollo funcionaba así:

 

A vende piso por 100, B compra piso por 100. B vende piso por 120. C lo compra y lo vende por 150 a D. Y en todo esto el banco sacaba tajada concediendo hipotecas. El riesgo para el banco era, en principio, mínimo, debido a que la burbuja inmobiliaria calentaba el precio de los pisos por los que se concedía un crédito, de modo que un piso cubría, y de sobras, su hipoteca, pues en unos meses ya se había revalorizado. De hecho el negocio era tan, tan bueno, que bancos de alrededor del mundo se interesaron por él y como la banca estadounidense es así de amable, estos decidieron exportar sus hipotecas en formas de paquetes financieros que recibieron una excelente acogida: las hipotecas de estados unidos estaban ya en todas partes.

 

Repito: en el balance está la clave

 

Aunque todo iba sobre ruedas, es preciso subrayar la importancia que tiene para un banco presentar unas cuentas saneadas, porque más adelante, si las cosas se tuercen, como finalmente sucedió, esto puede suponer la diferencia entre mantenerse a flote o la quiebra. Así que, vamos a ver...

 

...¿cómo funcionan las cuentas de un banco?

 

No soy un experto en contabilidad ni he trabajado nunca en ninguna entidad financiera, pero vamos a intentar explicar de un modo sencillo y claro cómo cuadran los números en un banco. Este será uno de los apartados más importantes en esta serie de actualizaciones sobre la crisis, así que especial atención durante su lectura es recomendada.

 

Un banco, como cualquier empresa, tiene sus ingresos y sus gastos. A grandes rasgos podríamos decir que el balance de la mayoría de empresas resulta de la diferencia entre estos dos conceptos. En una entidas financiera, cuya principal actividad es el crédito, debemos añadir otro un tanto más difuso: la morosidad.

 

La morosidad es el % de impagos sobre el total del crédito concedido. Hay que tener en cuenta que el negocio de un banco consiste en prestar dinero y esto únicamente puede hacerlo de dos modos distintos:

 

- Utilizando sus recursos propios

 

- Endeudándose

 

En ambos casos, no obstante, la finalidad del préstamo es recuperarlo en su totalidad y cobrar unos intereses por él, que serán, descontada la inflación, los beneficios que obtendrá en la operación. Con esto en consideración, es fácil ver porque la morosidad se considera a efectos prácticos pérdidas: a parte de no disponer de los ingresos relativos a los intereses del crédito, en el primer caso dejas un dinero que sacas de tu bolsillo y que no te lo devuelven y, en el segundo, debes un dinero sobre el que esperabas sacar un rendimiento y en lugar de eso te encuentras que ahora debes abonarlo tú. Ya sea al contado o mediante el préstamo externo, existe una pérdida de dinero en sendos casos que asciende a la totalidad del monto concedido.

 

Por ejemplo, en el caso de impago en una hipoteca de 200.000 euros, el banco dejaría de percibir la cuota media de 1.000 euros, pero lo más importante de todo, tendría unas pérdidas de 200.000 euros (el total del crédito).

 

De este modo, las cuentas de un banco podrías resumirse así:

 

Recursos propios (activo y pasivo)

 

Ingresos

 

Gastos

 

Crédito concedido

 

Morosidad (% del crédito total concedido)

 

Para que un banco esté en buena forma, es imprescindible que la morosidad esté siempre cubierta por los recursos propios. Cualquier otra cosa supondría de facto la quiebra técnica de la entidad.

 

Otra cosa que me gustaría comentar son los dos conceptos entre paréntesis al lado de "recursos propios", el activo y el pasivo.

 

Los activos: Son los bienes y derechos monetarios sobre los que la empresa tiene invertido algún dinero, desde inmbuebles hasta participaciones en otras empresas, aquí se engloban a efectos contables. Los activos son suceptibles a cambios bruscos de cotización y dan lugar a revalorizaciones o pérdidas por deterioro según las condiciones de mercado.

 

Si un banco posee 1.000.000 de acciones de Colonial a 70 euros, reflejará en el balance esa suma (70 x 1.000.000 = 70.000.000). Si en el siguiente ejercicio las acciones de colonial sufriesen un cambio brusco, esto debería reflejarse igualmente en las cuentas.

 

En el caso de bienes, sucede exactamente lo mismo. Si el banco posee 5 pisos por valor de 200.000 euros, tendría  que añadir en el apartado de recursos propios 1.000.000 de euros debido a este patrimonio. Si entre ejercicios las condiciones del mercado inmobiliario cambian haciendo subir o bajar la cotización de esos 5 pisos, las cifras deberían actualizarse en el balance a precio de mercado.

 

El pasivo: Respresenta las deudas y compromisos monetarios de la entidad financiera. Aunque primera vista sería posible pensar que este apartado lastra la capacidad económica de un banco, lo cierto es que, en realidad, es el pilar fundamental sobre el cual una entidad financiera desarrolla su expansión, ya que es justamente aquí donde se engloban las desorbitadas cantidades de depósitos que la gente posee en un banco o caja. Los depósitos son la suma de dinero que un particular cede a la entidad a cambio de unos intereses. De este modo los ahorros de la gente vertebran la sección de recursos propios disponibles para el banco en el balance y constituyen así la principal garantía de la entidad financiera para hacer frente a sus compromisos financieros.

 

Con esto en mente, tal vez sería buena idea regresar a alguno de los puntos anteriores antes de continuar, puede que algunas cosas se lean distintintas si se tiene en cuenta que el banco utiliza los depósitos (nuestros ahorros) como principal arma para combatir la morosidad y que, de perder la batalla, la quiebra técnica se produciría contabilizando ese dinero... pero todavía no es momento de alarmarse, estábamos repasando en la historia el punto en el cual el mercado inmobiliario estadounidense estaba más fuerte que nunca y las hipotecas se repartían como churros a nivel internacional. Todo el mundo quería un trozo del pastel. Volvamos allí.

 

 

 

 

Cómo es una crisis (2a parte)


¿Burbuja? ¿Qué es eso?

 

Una burbuja es, en esencia, un antimercado, una circunstancia que ocurre cuando la sana relación entre la oferta y la demanda queda alterada ante la expectativa de revalorización de nuestra inversión debido a una fuerte presión compradora que piensa en la misma línea que nosotros. En otras palabras, sabemos que las circunstancias son las mismas que justificaban un precio de 10, pero creemos que puede que haya quien este dispuesto a comprar por 15, así que nosotros compramos por 13.5. De locos, pero así son estas cosas.

 

Para que eso del dinero gratis surja efecto, es necesario comprar algo o invertir en algo, y con la enorme presión de unos tipos al 1% sobre las carteras, se obtó por lo fácil: mano de obra barata, grandes operaciones a crédito, bienes que duran lo suficiente como para revalorizarse durante años... Sí, hablamos de la construcción.

 

La construcción ¿otra posible burbuja? Al menos grandes economistas que hoy critican la política de la reserva federal lo veían con buenos ojos: http://www.libertaddigital.com/economia/krugman-recomendo-a-greenspan-crear-una-gran-burbuja-inmobiliaria-en-2001-1276362531/

 

De este modo empezaba la burbuja inmobiliaria en EEUU y los efectos de la crisis del 2000 empezaban a disiparse a medida que el crédito inundaba el mercado inmobiliario. Podríamos considerar este punto como la concepción de la actual crisis financiera mundial. He dicho financiera, lo cual es un punto muy importante a tener en cuenta, veamos el por qué.

 

De la burbuja inmobiliaria a la crisis finaciera o el desastre en el huerto

 

¿Es posible que una burbuja inmobiliaria nos arrastre a la peor crisis financiera de los últimos 50 años? Los japoneses tendrían mucho que decirnos...

 

Para explicar lo que ha sucedido, me gustaría utilizar un huerto como metáfora. Nuestro huerto se compone de muchas frutas y hortalizas que se nutren del constante flujo de agua que nuestro sistema de riego embalsado dispensa. En el huerto tenemos principalmente coles, tomates, manzanas y patatas, todos ellos productos muy competitivos, pero últimamente las patatas se han puesto muy de moda y la gente paga más dinero por ellas, así que decidimos reforzar el cultivo de patatas. La cosa sale bien y en seguida vemos como nuestros beneficios aumentan a medida que el precio de las patatas se dispara. Estando así las cosas, decidimos aumentar sensiblemente el cultivo de patatas y destinar gran parte de nuestros recursos hídricos a esa labor, ampliando nuestro sistema de riego para cubrir el creciente cultivo de patatas. Del pozo a las patatas, el agua fluye por el enorme canal recientemente construido haciendo crecer los apreciados tubérculos que nos abultan la cuenta corriente, es todo felicidad y alegría. Un buen día, desgraciadamente, nos llegan unas terribles noticias: al parecer había una burbuja de patatas y ahora ha reventado; las patatas ya no se consumen y el precio de estas empieza a caer con fuerza.

 

"Bueno"-pensamos-"al menos nos quedan las manzanas, coles y tomates" y es en ese momento cuando comprobamos con terror como el pozo esta seco y las últimas aguas de este siguen fluyendo hacia las malogradas patatas. A pesar de que el resto de productos podrían funcionar, hemos destinado todo el agua a regar los tubérclos. Será preciso esperar a que el pozo se llene antes de poder vender nada. La economía se contrae.

 

El problema de una burbuja inmobiliaria es que para vender pisos se requiere de la ayuda de la banca, pues muy pocos son capaces de pagar al contado la enorme suma que requieren la mayoría de inmuebles. Y cuando la banca queda comprometida, si el asunto no sale bien, todo el sistema económico se resiente. Antes de seguir prestando, la banca debe recuperar lo que ha prestado; mientras el pozo no se llene, no se puede sacar agua de él.

 

Cómo es una crisis (1a parte)


Se habla mucho de la crisis y desde muchas perspectivas distintas, pero se echa de menos una radiografía clara y completa de la anatomía de la actual crisis financiera, sin complejos y bien clarito para que todo el mundo pueda entender qué está sucediendo y hacia donde vamos. En las primeras actualizaciones de este blog intentaré aclarar estacuestión. Que al menos nos quede claro por qué el paro no cesa de subira pesar de que el gobierno habla de una recuperacion inminente.


Esta serie de artículos serán vitales para comprender las futuras actualizaciones que realice. Es muy importante que los conceptos aquí expuestos queden claros y sean interiorizados para el posterior seguimiento del blog.

 

¿Por donde se empieza? Por el principio:

 

Nos situamos en los EEUU en plena resaca post-punto.com y con el corazón financiero de WS afectadísimo por los ataques perpetrados contra las torres gemelas en nueva york. Es el año 2002 y las perspectivas económicas son nefastas, con los índices bursátiles en caída libre desde el pinchazo de las tecnológicas. La mayoría de inversores liquidan sus posiciones mientras el pánico vendedor empieza a desatarse. Los bancos centrales comienzan sentir la necesidad de hacer algo para remediar la situación a medida que la inflación baja: hay que sentar unas buenas bases para mejorar el atractivo de las inversiones y eso pasa, por supuesto, por bajar los tipos de interés.

 

...¿pero qué son exactamente los tipos de interés?

 

Los tipos de interés son la principal baza de los bancos centrales para controlar el entorno de precios. El tipo de interés es la diferencia que se abona en concepto de intereses por el dinero prestado por los bancos centrales. De este modo unos tipos de interés bajos facilitan el acceso al crédito en épocas de dificultades económicas y unos tipos elevados ayudan a frenar el recalentamiento cuando la economía sube desbocada. Eso es así porque con unos tipos de interes bajos la inflación tiende a subir ya que el dinero depositado en el banco no renta demasiado, penalizando así el ahorro y animando a los inversores a movilizar el capital, mientras que unos tipos elevados moderaran la inflación, pues aumentan el rendimiento que se obtiene por el líquido y hacen que los demandantes de crédito se lo piensen dos veces antes de pedir dinero dada la mayor tasa de interes que se aplica al préstamo.

 

Continuemos. La política de tipos que emprende la reserva federal estadounidense es agresivamente bajista y en unos dos años los tipos pasan del 6.5% al 1%, medida que sigue el BCE y otros bancos centrales.

 

http://yonovato.blogspot.es/img/151009tipos.jpg 

 

Lo curioso del caso, es que la bajada es tan pronunciada, que supera con creces la caída de la inflación -especialmente en España, aunque eso lo examinaremos más tarde-, de modo que se produce el llamativo efecto de los tipos de interés reales negativos o "dinero gratis": como la inflación supera los intereses anuales a abonar, sale más a cuenta comprar a base de crédito que ahorrar. Como es importante quedarse con este concepto, vamos a poner un ejemplo:

 

Queremos comprar un televisor que vale 1000 euros, pero no los tenemos en efectivo, así que tan sólo podemos ahorrar durante todo un año o pedir un crédito. La inflación está al 5% y los tipos al 2%.

 

Con un crédito a un año el televisor nos costaría 1000 euros más el 2% anual de interés, en total 1020 euros.

 

Si ahorrasemos, al cabo de un año deberíamos pagar por el mismo televisor 1050 (el 5% de inflación).

 

Como vemos, resulta mucho más atractivo el crédito (imaginemos que al cabo de un año vendemos ese televisor a precio de mercado: ¡se gana un 3% sin hacer absolutamente nada!). Esto hace que el consumo de crédito se dispare hasta extremos que pueden llegar a ser perjudiciales.

 

  

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En España la brusca bajada de tipos recalentó la economía que no estaba al compás Europeo.

 

Con esta circunstancia en plena vigencia, el dinero gratis, los inversores encontraron un buen motivo para volver a inyectar dinero en los mercados y las bolsas empezaron a subir, pero eso es lo de menos, el nuevo jueguete que les regaló la política monetaria de la reserva federal prometía grandes ratos de diversión y ganancias, especialmente lo último. Un 1% o un 2% gratis para alguien que puede pedir miles de millones en crédito es mucho dinero. La burbuja se estaba empezando a gestar.

Bienvenidos al blog


Este blog se inició en el otoño del 2008 para narrar las trepidantes sesiones de trading de un servidor, completamente novato en la materia, y dar cobertura a las noticias económicas más relevantes evaluando sus consecuencias más inmediatas en los mercados.

Con 18 meses de vida, considero apropiado renovar los objetivos del blog y hacerlo más interesante para el lector que puntualmente echa un vistazo a este espacio. Con esto en mente, yonovato cambia su formato y actualizaciones. En consecuencia, las sesiones intradiarias quedan eliminadas en favor de análisis más generales del estado de los mercados, pero dónde realmente se aprecia un cambio es en la apuesta por intentar explicar cómo funciona la economía y acercar al lector los cruciales eventos que estos días se desarrollan, que podría perderse entre la alienígena terminología y las espectaculars cifras que la prensa especializada arroja en sus artículos.

Debido al carácter light de los artículos y a la total falta de formación del autor, estos pueden incurrir en imprecisiones. Se pide comprensión al lector más exigente.

De profano a profano, yonovato os da la bienvenida a este espacio.

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